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"There are karaokes with some air of mystery, glossy paper curtains and David Lynch’s characters in where everything is so kitsch."

Despite its prefabricated character, Blackpool has its own personality. It’s invaded by a cheap tourism in summer and remains ghostly off-season; it is a place that is anchored in time. The fairground is a constant in where their elements define the architecture of the streets.

Thus, a roller coaster crosses the main avenue, and the big wheel adorns the view from the pier. Magic and esotericism booths, terror trains, bumper cars and shooting stalls that are spread throughout the bay give the rest.


Everything is kind of shabby but very authentic. Abandoned local pubs are founded between the fish & chips shops and the noise and dazzling arcades.

The accommodation offer is starring by bed & breakfast in their truly English style with floral carpets going ahead by steep stairs and narrow corridors. Grandfather clocks and porcelain tableware leaning out from last century cabinets, greet the guest.

A photogenic boardwalk comes out from the pier. It has a very romantic charm and from its railings there are hanging locks from those who decided to leave their memory before jumping into the ocean saying goodbye.

A pesar de su carácter prefabricado Blackpool, posee personalidad propia. Invadido por el turismo barato en verano y fantasmal fuera de temporada, es un lugar que se encuentra anclado en el tiempo.

"Las atracciones son una constante y sus elementos definen la arquitectura de las calles."

Así, una montaña rusa cruza la avenida principal, la noria adorna la panorámica desde el muelle y el resto viene dado por casetas de magia y esoterismo, trenes del terror, coches de choque, puestos de tiro al blanco y tómbolas que se reparten por toda la bahía. Todo es cutre, pero muy auténtico.

Existen locales abandonados ocultos entre pubs, fish & chips, el ruido y las luces de salas recreativas. Hay karaokes con aire de misterio, cortinas de papel brillante y personajes de David Lynch en donde todo es muy kitsch. La oferta hotelera viene protagonizada por bed & breakfast al más puro estilo inglés y sus moquetas florales que avanzan por escaleras empinadas y pasillos. Relojes de pie y vajillas de porcelana que asoman por vitrinas del siglo pasado, saludan al huésped.

Una fotogénica pasarela de madera y metal sale desde el embarcadero. Posee un aire muy romántico y desde sus barandillas cuelgan los candados de aquellos que decidieron dejar su recuerdo antes de saltar al mar para decir adiós.

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